lunes, 25 de enero de 2010

Mafia Fujimontesinista

Mafia Fujimontesinista
Jans Erik Cavero Cárdenas
cavero.je1@pucp.edu.pe
La corrupción que tuvo el Perú durante el gobierno de Fujimori, y del que hoy es heredero el gobierno aprista, tiene un trasfondo institucional. El diseño institucional sobre el que se estructura el sistema constitucional está hecho para capturar el poder público e implantar la corrupción como modus vivendi.
Vladimiro Montesinos no puede jactarse de genialidad o don para acumular poder, primero, y luego robarse el dinero del país. En realidad, su mayor logro fue llegar al entorno presidencial y ganarse la confianza de un outsider como Fujimori. A continuación, los pasos que ideó el doc para asaltar el poder.
El ABC de la corrupción advierte que la primera tarea es capturar el Parlamento para dotarse de una constitución servil. Convocar una Asamblea Constituyente no es garantía para establecer una carta magna a la medida. Si el Ejecutivo logra mayoría parlamentaria se ha cumplido el primer objetivo, siendo necesario comprar tránsfugas para lograr mayoría calificada.
En 1990 Fujimori ganó la presidencia en segunda vuelta pero carecía de mayoría parlamentaria. En ese contexto complejo para los propósitos del doc era necesario patear el tablero en nombre de la gobernabilidad. El Congreso fue disuelto, al igual que otras instituciones públicas. De ahí el camino estaba servido para inventar un Congreso Constituyente Democrático (CCD), cuya tarea era instaurar la legalidad que permitiese saquear al Perú.
La política antiterrorista y la reducción de la hiperinflación dejada por el APRA legitimaron socialmente a un Fujimori improvisado, quien merced a la simpatía de una ciudadanía irresponsable no sólo obtuvo la aprobación de una nueva constitución, sino que capitalizó una reelección con mayoría parlamentaria incluida. He ahí el gran triunfo de Fujimori y su socio Montesinos.
Controlas el Parlamento y tienes al Contralor General y a los Magistrados del Tribunal Constitucional. Si la oposición coloca 2 ó 3 jueces constitucionales usas el antejuicio político para expectorarlos. Asimismo, tienes a 3 directores del BCR, al Defensor del Pueblo, al Presidente del BCR y al Superintendente de Banca. Si quieres capturar la administración pública diseñas una ley de carrera administrativa que permita el nombramiento de funcionarios públicos o contrato indeterminado de “carnetizados”.
El siguiente paso es capturar el Poder Judicial y el Ministerio Público. Para tener jueces y fiscales serviles al régimen inventas una entidad como el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM). Si los jueces no te convencen, arguyes la corrupción para destituirlos o cambiar las reglas de juego, reservando en el Ejecutivo la potestad de nombrar jueces y fiscales provisionales. Logrado este objetivo tienes al Presidente de la Corte Suprema y al Fiscal de la Nación.
Es clave manipular la elección del CNM. Sólo así garantizas jueces y fiscales aliados, pero también consigues que luego la Corte Suprema y la Junta de Fiscales Supremos retornen el favorcito, designando 2 consejeros afines al régimen. Los otros 5 consejeros se logran reclutando a 2 rectores indecentes y negociando con algunos gremios profesionales. Un CNM a la medida te permite tener al Jefe de ONPE y RENIEC.
El último objetivo es capturar el JNE. Si ya conseguiste la Corte Suprema, la Junta de Fiscales Supremos y el apoyo de gremios profesionales, entre los que podría estar el Colegio de Abogados de Lima, requieres “comprar” decanos de facultades de Derecho. Si existe la presunción de que algunos abogados son corruptos, no será complejo obtenerlos.
Aquí concluye la táctica de la mafia. Como el proceso es cíclico, comienza nuevamente el círculo vicioso, pues con una ONPE y JNE manipulados se consigue un fraude electoral y colocas en la Presidencia de la República al jefe de la mafia y a un Parlamento lacayo.

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